Cada mañana, millones de colombianos salen de sus casas para conseguir el dinero que les alcance para pagar el mercado, el transporte, el arriendo y para sostener a quienes dependen de ellos. Trabajar para que el dinero alcance y no pierda su valor con el tiempo es lo que se conoce como controlar la inflación y para lograrlo en Colombia contamos con el Banco de la República.
Cuando los precios suben sin freno, cuando todo cuesta más de lo que debería, la cotidianidad de las personas se desestabiliza. Lo que antes alcanzaba, deja de alcanzar. Lo que se logró ahorrar durante años empieza a perder valor. Y la incertidumbre invade los hogares.
Por eso, cuidar la estabilidad económica, controlar la inflación, no es un lujo técnico, tampoco puede ser un asunto para hacer política, porque de por medio está el bolsillo de los ciudadanos y la necesidad humana.
Lograr ese equilibrio es parte de las funciones del Banco de la República. Las decisiones tomadas por su Junta Directiva no son un capricho ni son ajenas a la realidad del país. Por el contrario, buscan proteger el valor del dinero, contener la inflación y dar señales de confianza en momentos de incertidumbre.
La independencia del Banco de la República no es un privilegio institucional. Es una protección para todos. Es la garantía de que las decisiones que afectan el bolsillo de los colombianos se toman con responsabilidad, sin presiones y pensando en el bienestar colectivo.
Cuando esa independencia se pone en duda, no solo se afecta una institución: se afecta la confianza. Y cuando la confianza se debilita, quienes primero lo sienten son los ciudadanos, especialmente los más vulnerables.
Desde Aliadas insistimos en que no se trata de una discusión económica ni política, se trata de respaldar la independencia del Banco de la República, una entidad sólida, respetable y con experiencia que ha trabajado durante décadas por el bienestar de la población.
Colombia, el propósito que nos une





